Regalar un retrato profesional, y la única forma en que sale mal
Regalar un retrato profesional suena raro y no lo es. Entra en la categoría de cosas que casi todo el mundo necesita, casi nadie aborda por iniciativa propia y se agradecen visiblemente una vez resueltas.
Falla de una sola manera: cuando la persona que lo recibe no decide cómo se ve.
Por qué ese es el punto
Un retrato no es un objeto. Es una afirmación sobre cómo quieres que te vean, y esa afirmación no se puede hacer en nombre de otro. Por eso un cheque regalo funciona mejor que una foto terminada: regala la posibilidad, no el resultado.
En empresas el efecto se amplifica. Un retrato asignado se lee como una obligación, no como un detalle.
La variante que no va de trabajo
No todo retrato es para el currículum. Los retratos por épocas son el contraejemplo obvio: la misma técnica, un propósito completamente distinto, y nadie intenta parecer serio.
Vale la pena separarlos porque el criterio de calidad cambia. En un retrato de trabajo el parecido lo es todo. En uno de estilo es secundario.
Lo práctico
Los precios están publicados, sin formulario de contacto. Quien quiera recomendarnos y cobrar por ello tiene las condiciones en socios. Y quien quiera saber quién hay detrás: sobre nosotros.
La regla, si vas a regalarlo
Deja que la persona elija cuál acaba siendo su foto. Ahí está toda la diferencia entre un regalo y un deber pendiente.
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